jueves, 8 de mayo de 2014

Cuento : " El regalo mágico del conejito pobre"

Desde edades tempranas los padres o educadores deberian poner en practica  narrar un relato al niño, supone una actividad de gran valor intelectual, cognitivo y emocional. Cuanto antes entren los libros a formar parte de la vida de un niño mejor, el hábito lector es imprescindible para realizarse personal y socialmente.

Seguro que todos recordareis, cuando erais pequeños alguna historia que os contaron vuestros padres o abuelos, el mejor momento del dia es cuando te ivas a la cama, pero en mi caso era mi abuelo el que se dormia mientras me lo contaba y siempre tenia que despertarlo.

Actualmente en la sociedad en la que vivimos que todo va tan deprisa, este habito de narrar un cuento o una história a nuestros pequeños se esta perdiendo, pero hay que intentar por muy cansados que estemos o por mucho trabajo que tengamos, dedicarles ese pequeño momento del dia, estos breves cuentos reforzarán en minutos su educación y sus valores, además de hacerles pasar momentos divertidos e inolvidables junto a ti, es una magnífica forma de crear complicidad y de estrechar vínculos afectivos entre padres e hijos.

A continuación os dejo un breve cuento que he encontrado de pedro pablo sacristan, dónde a través del campo y los animales, muestra que la generosidad y el dar a los demás suelen revertir en uno mismo de la forma más imprevista y grandiosa.


" El regalo mágico del conejito pobre"
 
 
 
Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia.

El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.

Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!

Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos

 
 

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